Valdemoro turístico

Esta semana el Ayuntamiento de Valdemoro ha dado publicidad a la presentación de cuatro rutas senderistas que se han señalizado para divulgar el paisaje y la flora y fauna que lo habita. El Ayuntamiento ha señalado la importancia de  estos senderos como un recurso de turismo activo y de naturaleza, y ejemplo de su  apuesta por el turismo ecológico.

Es sabido que un airón es un pozo o sima de gran profundidad, generalmente producido por derrumbes en acuíferos subterráneos, que debe su nombre a Airón, un dios arraigado en Hispania antes de la conquista romana, cuyo culto  se relaciona con aguas profundas (ubicadas en pozos y lagunas) y también con simas; por lo tanto hay una relación directa entre Airón y el inframundo.

Y podría ser porque en Valdemoro tenemos el paraje llamado Bolitas del Airón, que se han señalizado estos senderos que podrían llevarnos al Averno.

Turismo ≠ Desarrollo

La propuesta del turismo ecológico (expresión bastante contradictoria, por otro lado) como alternativa o recurso para la salida de la crisis y vía de desarrollo económico, es un antiguo afán del concejal “egologista” (no es una errata) de nuestro Ayuntamiento, a la que es de esperar no se le dé más atención que esta de los senderos señalizados.

Porque el turismo, en cualquiera de sus modalidades, no es ninguna alternativa que pueda abrir una perspectiva de desarrollo local. Forma parte de la esfera de circulación y realización del capital y no de la esfera productiva. Es, en resumen, una actividad encuadrada dentro del trabajo improductivo.

No es más que un mecanismo de redistribución de riqueza, dependiente, por tanto, de la riqueza producida en otros sectores y en otros territorios; del poder adquisitivo de los consumidores de turismo. En momentos de crisis como los actuales, la demanda global de la población se encoge porque la participación del trabajo en el reparto de la riqueza disminuye, reduciendo el excedente disponible para el consumo de productos turísticos. Por esa razón la industria turística está ya sobredimensionada y hay una sobreoferta de productos turísticos. Y lo dice Caixabank, por ejemplo; que no es ningún radical ignorante.

Es cierto que las ciudades que se han especializado en el negocio turístico presentan resultados económicos presuntamente brillantes, al menos en términos de generación de actividad, empleo y contribución al PIB. Y desde el punto de vista meramente estadístico, el turismo resulta ser un foco de atracción de inversiones e impulsores de otros negocios (construcción, inmobiliario, alimentación, comercio, etc.).

Turismo ≠ Crecimiento

Sin embargo, debería evitarse confundir el auge de negocios relacionados con el turismo con un crecimiento económico real, por más que los datos del PIB parezcan indicar lo contrario. Por varias razones:

1.- Una economía especializada en la industria del turismo convierte el espacio turístico en proveedor de mercancías para consumidores solventes de otros territorios. De este modo, el negocio turístico es extractivo de rentas y por ello especulativo y cortoplacista.

2.- El ciclo de negocio y su eventual rentabilidad depende, por tanto, del poder adquisitivo de los turistas. En sí misma, la actividad turística es improductiva, es una actividad que no genera valor. A lo sumo, es un mecanismo de redistribución y transferencia de riqueza, protagonizada por una parte de la población que aún conserva una relativa capacidad de consumo, al disponer de un excedente susceptible de ser dedicado al gasto en el consumo de turismo.

Es evidente que el turismo puede crear empleo y con ello una demanda de bienes y servicios que, a su vez, impulsa algunas actividades productivas. Pero si lo hace, lo es de manera insuficiente para garantizar un proceso general de acumulación de capital que pueda traducirse en nuevas inversiones, crecimiento económico y empleo. En esto radica la razón de que el turismo sea siempre una actividad subvencionada, único modo de mantenerse.

Turismo ≠ Rentabilidad

Generalmente se trata de justificar el azote que el turismo supone, acudiendo a balances económicos. Se destaca “lo que deja” el turismo, de acuerdo con una evaluación sesgada que oculta la realidad. Porque lo cierto es que sólo una parte mínima del gasto realizado por el turista queda en la ciudad, que, sin embargo, asume los costes de mantenimiento de la infraestructura, la limpieza, la gestión de residuos, etc.; y además corre con los gastos generales de la devastación del territorio.

La rentabilidad de la industria turística sólo sería evaluable si se considerara la ocultación de los costes integrales del negocio, financiados por toda la población a cuenta del presupuesto público. Por ello, la realidad es que la aparente alternativa de la industria turística acaba convirtiéndose en un problema de déficit público; es decir, en una forma de transferencia de capital público y bienes comunes hacia el negocio privado.

Dice el DRAR que airón también se usa, coloquialmente, para designar un lugar donde algo se pierde, desaparece sin que haya esperanza de recobrarlo, o se olvida. Confiemos en que esta idea del turismo ecológico como alternativa de desarrollo, por el bien de todos, caiga en un airón y desaparezca sin esperanza de recobrarla.

Nota: Gran parte de este artículo está plagiada de Capitalismo Terminal, de Corsino Vela, Ed. Traficantes de Sueños.

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