El significado de las palabras

No parece que todo el mundo tenga claro qué significa municipalismo. El significado de muchas palabras, especialmente en política, se transforma con el uso, hasta llegar a significar cosas muy distintas de las que en un principio querían decir.

Democracia

Esto ocurre, por ejemplo, con la palabra democracia. Para los griegos democracia era el gobierno del demos; pero el demos no es el pueblo como actualmente se entiende, sino más bien los plebeyos, porque ni la nobleza ni los militares formaban parte del demos. Por tanto, la democracia era el gobierno de los plebeyos o como dirían algunos, de las clases populares (aunque popular sea otra de esas palabras cuyo significado se ha transformado), del que estaba excluido el grupo económica y socialmente dominante. Por eso, el concepto que quizás mejor se acerca al original griego es el de dictadura del proletariado en Marx, que no es, necesariamente, el de los marxistas más conocidos.

Municipalismo

El sentido actual de democracia parece pretender que son posibles comunidades humanas en las que no existan intereses contrapuestos que originen conflictos. Conflictos que no se pueden resolver, como se quiere hacer creer, a través del consenso, que no es más que el enmascaramiento de la realidad, en la que la solución de todo conflicto es el resultado de la correlación de fuerzas existente. Hasta el punto de que tal solución es válida y está en vigor, en tanto en cuanto esa correlación de fuerzas se mantenga estable, y será puesta en cuestión en cuanto dicha correlación varíe o parezca variar.

Ejemplo claro de esta realidad la vivimos a diario. Sufrimos el desmantelamiento del llamado Estado del Bienestar fundamentalmente porque la correlación de fuerzas ha cambiado y los que en un determinado momento histórico se vieron obligados a aceptar el establecimiento del sistema de bienestar, porque su fuerza era insuficiente, tras la derrota del fascismo (su derrota) y el triunfo de la URSS en la II Segunda Guerra Mundial, para imponerse a la de la otra parte.

Fascismo

A partir de los años 70 del pasado siglo, se produce una dura ofensiva contra las ideas y las organizaciones que daban fuerza y vigor al demos y que hicieron posible un largo periodo de cierto gobierno democrático (de los plebeyos). Ofensiva que, al menos de momento, está resultando triunfante y cuyas consecuencias podemos ver en los distintos aspectos que configuraban aquel sistema de bienestar: educación, sanidad, pensiones, transporte público; y que poco a poco se va imponiendo en todos los órdenes de nuestra vida, en la forma de ese fascismo de baja intensidad que nos rodea.

Municipalismo

La Termodinámica nos enseña que cuando la presión sobre un fluido se ejerce de manera lenta pero constante, la reversibilidad del proceso al cesar la presión no es completa. Es decir, el fluido no vuelve a ocupar el volumen que ocupaba antes de ejercer sobre el la presión, sino uno menor. Y ese es el mecanismo de dominación del fascismo que presenciamos, que aumenta su autoritarismo, su presión sobre nuestras libertades, de manera lenta pero constante, casi imperceptible, con el objetivo de convertirlo en un proceso irreversible. Lo será a menos que decidamos contrarrestar esa presión con la construcción de modelos democráticos de gobierno que nos defiendan y protejan. Eso que algunos llaman contrapoderes.

Municipalismo

Sucede con frecuencia que un término político tiene fortuna entre la población, y entonces ningún agente político se atreve a renegar de él, y en su lugar no les queda más que tratar de transformar su significado para aproximarlo a su ideología, a su concepción de cómo deben ser las cosas.

Esto está pasando con la palabra municipalismo, en boca de todos, pero con significados tan diferentes que a menudo algunos de ellos son absolutamente contrapuestos e incompatibles.

Porque el municipalismo lo que propone es básicamente la construcción de contrapoderes locales, que nos defiendan y protejan del crecimiento constante de la presión de otros poderes sobre nuestros derechos y libertades. Y para ello defiende la transformación del municipio en el elemento básico de la organización territorial, política y económica, en menoscabo de otros espacios ahora predominantes.

Municipalismo

Hace falta aclarar que cuando el municipalismo habla del municipio, no habla del ayuntamiento. El municipio es mucho más que eso. Es una comunidad de personas que habitan un territorio y que cuando se organizan construyen instituciones que defiendan y protejan las relaciones que han querido establecer entre ellos, en la forma en que deciden establecerlas y con el alcance que les parece conveniente. Cuando hablamos de municipalismo no hablamos de cuestiones administrativas relativas a la gestión de la institución, sino de la construcción de un espacio de vida justo, amable, humano, en el que la institución juega un papel, pero no es, ni mucho menos ni el centro ni el actor determinante de la vida de la comunidad.

El municipio es el oikos del que hablaba Aristóteles: “una comunidad constituida naturalmente para la satisfacción de las necesidades cotidianas”. Esa comunidad se dota de herramientas para poder actuar, que han de estar en sus manos, impidiendo que caigan en las de unos pocos, de forma que sea la comunidad la que acabe convirtiéndose en herramienta al servicio de esos pocos.

Esa es la raíz del municipalismo, de la que difícilmente pueden considerarse brotes sanos algunas concepciones del municipalismo que lo circunscriben a la mejora de la eficiencia de la gestión administrativa, sin poner en entredicho la naturaleza real de las instituciones vigentes, ni plantear la necesidad de su transformación, que reclama la desarticulación de sus procesos y mecanismos para ser posible.

El municipalismo no es compatible con planteamientos estatalistas, centralizadores y unificadores, que son los que fundamentan a la mayoría de los agentes políticos que vemos y oímos declararse municipalistas. Y porque no lo es, tampoco es compatible con el fascismo, lo que no ocurre con esos agentes políticos, como a lo largo de la Historia hemos podido comprobar. Por eso, el municipalismo es el único adversario con la potencia necesaria para vencerle, con el que se puede encontrar el fascismo.

En convertir esa potencia, en fuerza real y efectiva, es en lo que trabajamos algunos.

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