TEMBLABA – EL MIEDO FRENTE A LA VIOLENCIA MACHISTA

En la cocina solo se oía el sonido al cortar las verduras. De fondo el murmullo de unos dibujos animados que veía su hijo de 3 años en la televisión. Ella seguía cortando las verduras, concentrada en esa acción pero sin atender, lo que provoco que se cortarse. No era la primera vez, pensó, al llevarse el dedo a la boca. Temblaba. No podía concentrarse en nada, ni en casa, ni en el trabajo, ni cuando su madre la hablaba. Siempre estaba pensando en él. Si le parecería bien lo que había pensado para cenar, si se molestaría al ir a visitar a su madre, si le gustaría la falda que se había comprado, ¿demasiado atrevida quizás?. Temblaba. Miedo. Temblaba por su hijo, sobre todo por él. Escucho la puerta al abrirse y todavía tembló más. Mucha culpa era suya, meditó, era una torpe y precisamente por no concentrarse se equivocaba, no le atendía bien, quizás merecía su castigo. El entro en la cocina y no le gusto lo que estaba preparando de cena.Temblaba

    Tiempo antes, por fin, se atrevió a denunciar, cuando vio dolor en los ojos de su hijo, cuando vio que ya apenas sonreía, que también temblaba cuando su padre entraba en la misma habitación donde él estaba. Por su hijo denunció y él tuvo que irse. Pero aun así ella seguía temblando, porque no se sentía segura. No le faltaban razones cuando la que es directora del Instituto de la Mujer, Lucía del Carmen Cerón, afirma que el término machista es un «un decir, un no sé qué, qué sé yo» y que responsabiliza a las mujeres por no saber decir que no a la violencia de género. No le falta razón cuando hay falta de recursos institucionales, porque no existe un interés real ni una verdadera voluntad política para que “ella”, la que sufre maltrato físico por parte de su pareja, la que sufre por su hijo de 3 años, deje de mirar a los dos lados del portal cada vez que sale de su casa, deje de mirar por encima del hombro cada vez que camina por la calle, para que en definitiva no siga temblando.

    No le falta razón porque no le sirven las palabras de consuelo, ni las subcomisiones de trabajo, ni los minutos de silencio de las instituciones, congregados bajo un BASTA YA que ellos mismo pueden hacerlo realidad, pero sin pretensiones reales. Ella quiere prevención, sensibilización, recursos, que no haya más recortes indignantes en políticas de igualdad y prevención.

    Aun así ella si que denunció a su pareja,  mil veces lo hubiera hecho, porque se lo debía a ella, a su hijo, porque un día le dijo que iba a matarla y se lo dijo mirándola a los ojos, con mucha tranquilidad, para que ella supiera que iba a cumplirlo. Y ella lo supo.

TEMBLABA    Le costo mucho acercarse a comisaria y denunciar, también allí estaba nerviosa, agitada, con un estrés severo, tartamudeando en las respuestas que tenía que dar al policía. Y salio de la comisaria pensando que en cualquier momento él podría estar allí, vigilándola, sabiendo perfectamente a lo que había ido y así avalanzarse sobre ella. Y seguía sin faltarle razones, cuando la respuesta penal a la violencia machista muchas veces se vuelven contra la víctima, porque seguramente al denunciar no la creerían, otra más, dirían, porque no le darían apenas protección y de dársela, tardarían, lo que se tarda en apuñalar, en rociarlas de gasoil para prenderlas fuego, en arrojarlas por la ventana,  en estrangularlas y echarlas al río. No le faltaba razón. Pero bien sabía que tenía que denunciar y a aun así, temblaba.

   Ella siguió andando hacia el colegio de su hijo. Tenía que recogerlo a las 5 de la tarde y algo presintió. El la repetía continuamente que no podía vivir sin ella, de una forma encantadora, cariñosa, de esa forma que ella volvía a dudar. Decía que la necesitaba, que todo iba a cambiar, como tantas veces le dijo, para luego acabar igual, que si le dejaba, caería en una profunda depresión y sería por su culpa.

 Ella intuyó que estaba cerca pero se le olvido en cuanto vio a su hijo, que salio corriendo hacia ella. Lo abrazo y lo beso, emocionada, como siempre, como cada día que lo veía sano. Lo volvió a dejar en el suelo, le dio la mano y avanzo hacia la puerta. Allí estaba su presentimiento y algo llevaba en la mano que no llego a ver porque cayo desplomada. En un último segundo de vida vio a su hijo salir corriendo. Se permitió un último pensamiento, “estaba vivo, estaba vivo”.

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