Riqueza y pobreza

Riqueza y pobreza no son conceptos absolutos, sino que
están determinados por el momento histórico, la
localización geográfica y otros factores sociales, culturales
y, sobre todo, individuales.

Ser pobre es no tener medios suficientes para satisfacer las
necesidades; ser rico es tenerlos y además disponer de un
excedente para complacer otros deseos. Pero las
necesidades, salvo las más básicas (el clásico “pan, techo y
abrigo”) son relativas y variables en función del tiempo, el
espacio y circunstancias existenciales particulares.

De modo que en un momento y lugar determinado, ser pobre puede
significar no tener para comer, mientras que en otros casos
puede significar no poder viajar durante las vacaciones. Y
tan de pobre es lo uno como lo otro.

Valdemoro pobre

Aunque mantengo notorias diferencias políticas con el
actual gobierno municipal de Valdemoro, que son
personales en el caso del alcalde y algún concejal (me
cuesta considerarles buenas personas; pero lo que yo
pueda o no considerar, no es relevante), en los últimos
tiempos he leído y oído algunas críticas a su gestión que no
me parecen del todo adecuadas.

Se les recrimina por el estado del asfaltado, la situación de
parques y jardines, la suciedad de las calles, …; críticas
que, pudiendo tener una base real, no tienen en cuenta una
circunstancia que es fundamental: Valdemoro es pobre.
A pesar de los impuestos que se pagan (que siempre
parecen muchos y nadie se queja por pagar menos de los
que debería), Valdemoro no dispone de medios suficientes
para atender todas las necesidades que tiene; todas las que
sus vecinos en este momento y lugar, consideran como
tales.

“Sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza”

Y no dispone de esos medios que le son precisos para
atender a esas necesidades, porque esos, a los que veo que a veces se quiere poner como ejemplo de “hacer mucho”,
frente al “no hacer nada” actual, hicieron ese aparente “mucho” sin que Valdemoro tuviera medios propios para hacerlo, provocando el endeudamiento que sufrimos y que
es el que nos ha llevado a esta situación de pobreza.

Porque ese “hacer mucho” no tuvo otro objeto que “hacer ricos” a una caterva de impresentables, a costa del
empobrecimiento del resto de vecinos. No les robaron a
nadie extraño, ni indefinido, ni invisible; sino a todos los
que habitamos este lugar, que se les encargó cuidar.
Parte de mis diferencias políticas con el actual gobierno
municipal, tienen que ver con este asunto de la deuda.

En mi opinión, no se está luchando para dar a esta cuestión la
que es la única solución realista y racional: la condonación,
total o parcial, de esa deuda que es, en gran parte,
ilegítima y, en toda, gravemente lesiva para los intereses
generales, que siempre han de prevalecer sobre cualquier
interés particular; sobre todo, si tal prevalencia no supone
ningún daño insoportable para esos intereses particulares,
como es el caso.

“No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”

En lugar de emprender esa lucha, parece que se asumen
resignadamente las previsiones oficiales que nos condenan
a no salir de esta situación sino en un plazo de entre 15 y
20 años. Tal vez se tiene la esperanza (y no hay esperanza
sin miedo ni miedo sin esperanza; dos sentimientos que
son el mecanismo más poderoso de la peor esclavitud
humana: la servidumbre voluntaria), de que las previsiones
yerren y el plazo termine siendo más corto. Aunque
también debería errar el pronóstico de la misma Autoridad
Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) en el
sentido de que sufriremos crisis financieras cada 15 años, y
por lo tanto, debemos conformarnos y adaptarnos a este
régimen austeritario, hasta el fin de los tiempos.
Demasiados errores parecen, sobre todo, si se tiene en
cuenta que más que previsiones son pretensiones, que se
intentan ver cumplidas para mantener el actual sistema de
deudocracia en el que vivimos.

O, quizás, lo que se tiene es la presunción de poder ser
más listos que todo ese sistema, que tiene en la deuda, pública y privada, su instrumento fundamental de extracción de rentas, para mantener tasas de beneficio
imposibles, hoy en día, en cualquier actividad productiva.
Presentar el pago exacto de este tipo de deuda extractiva
como un mérito encomiable, es algo así como pretender ser
alabado por ceder a la extorsión. Se puede comprender la
debilidad del extorsionado y compadecerlo, y no se le
puede exigir audacia y valentía a quien carece de ella, pero
reclamar la admiración general parece excesivo.

Los débiles, apocados y cobardes lo mejor que podemos
hacer es no ponernos en situaciones que nos exijan
virtudes que no tenemos.

Otra de mis diferencias políticas en este asunto, se refiere a
la poca acción institucional para desvelar a los vecinos la
situación real de pobreza del municipio. Desvelamiento que
es imprescindible para una toma colectiva de conciencia
sobre la realidad, que haga posible poner en marcha
acciones eficaces para resolverla. No saber lo que pasa
ayuda poco a solucionarlo.

“Darle dinero a un mono, y sera un perfecto humano”

Por el contrario, se realizan gastos suntuarios, de puro
ornato o esparcimiento, como si dispusiéramos de ese
excedente, que define una situación de riqueza, en la que
no nos encontramos. Ese querer aparentar lo que no se es,
fue lo que nos trajo a la ruina actual e insistir no parece el
camino más adecuado para mejorar.

Puede ser cierto que el montante de esos gastos innecesarios, no nos iba a sacar
de pobres, pero daría quizás para hacer algo más en lo que
es sentido como necesidad por los vecinos, que podría
saberse con mecanismos de participación apropiados.

En esta línea de vana ostentación y simulación de una
situación que no concuerda con la realidad, parece que se
prevén (probablemente con la intención de obtener algún
rédito electoral, más que otra cosa) inversiones con un
dinero que no se tiene. Pero que se podrían obtener con
mecanismos de dudosa eficacia, cuando no de indeseables
consecuencias para el bienestar general, presente y futuro.

Como serían el aumento de la recaudación por multas o por
el cobro de licencias urbanísticas, que sólo contribuirá, en
el segundo caso, al inflado de una nueva burbuja, cuya explosión acabará con lo poco que se sustenta de la economía productiva, que ya destina gran parte del valor
que produce también al pago de deuda, en ese proceso de
extracción continua de rentas y riqueza, al que ya me he
referido.

Pobre Valdemoro

Sabemos ya que no se va a realizar una auditoría
ciudadana de la deuda, requisito inexcusable para conocer
y evaluar la situación real de las arcas municipales, y la
única que puede ser fiable y objetiva en este asunto.
Tal vez, se realizará algún tipo de auditoría profesional, que
estará, como todas, determinada por la doctrina que
sustenta la economía política ortodoxa y la contabilidad
oficial, con criterios de evaluación sesgados por principios
ideológicos no muy favorables a los intereses generales, y
que, a menudo, adolecen de no saber distinguir la gestión
de lo común de la gestión de lo propio, aplicando criterios
privatísticos a hechos económicos para los que esos
criterios, no sólo carecen de sentido, sino que son
perjudiciales para su finalidad según su naturaleza. Un
buen gestor privado suele ser un pésimo gestor de lo
común, y eso lo estamos pagando, desde hace años, en
todos los niveles.

Conste que estas diferencias políticas con el gobierno
municipal, no me impiden considerar que, salvo las
excepciones mencionadas, está compuesto por personas
honestas, entendiendo por honestas, personas que creen
que lo que hacen es lo mejor para los vecinos a los que
pretenden representar. Si difiero es porque creo que se
equivocan, y la honestidad no excluye el error. Si así fuera,
yo no me equivocaría tanto como me equivoco. Porque yo
también creo que lo que hago y digo es lo mejor para los
vecinos a los que nunca pretenderé representar.

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