• El falso debate sobre la sostenibilidad de las pensiones

Promovidos por múltiples organizaciones y colectivos de pensionistas, han tenido lugar numerosos actos y concentraciones en todo el Estado, en defensa del sistema público de pensiones y en reivindicación de sus derechos notablemente recortados. En esta cuestión es habitual, intencionadamente o no, que tertulianos y expertos oficiales, caigan en la trampa de plantear como principal problema el de la no sostenibilidad de dicho sistema, generando un debate que es falso y, por tal, absolutamente improductivo.

PensionesNo es razonable vincular sistema de pensiones y sostenibilidad, porque es un asunto, el de las pensiones, que se rige por una lógica distinta de la que se pretende por quienes parecen creer que sólo la razón económica es guía de medida de todo. Aunque en realidad sólo lo entienden así en determinadas materias en las que creen ver posibles campos abiertos a la rentabilidad. Porque, con razón, nunca oímos hablar de la sostenibilidad de otros sistemas públicos, como el ejército, la policía o los bomberos. Hemos tomado colectivamente la decisión de tener un ejército, una policía y un cuerpo de bomberos, y luego, tomada la decisión, buscamos la mejor manera de financiarlo, sin entrar en temas de sostenibilidad o no de este gasto. Cuando se dice que el sistema de pensiones no es sostenible, lo que en realidad se quiere decir es que no se quiere sostener un sistema público de pensiones.

El ciclo virtuoso de la economía

Pero ¿quién paga las pensiones? Los trabajadores que cotizan (la cotización empresarial es, en definitiva, salario detraído al trabajador; de ahí su consideración de gasto laboral para la empresa). Y a éstos ¿quién les paga? En última instancia, otros trabajadores, que como consumidores compran los productos o servicios que los primeros producen. Y los ingresos de éstos, también proceden de otros trabajadores/consumidores. Este es el ciclo virtuoso de la economía que mientras rueda actúa como motor de creación y distribución de riqueza. En este ciclo el dinero gira en su carácter de medio de equivalencia entre valores de mercancías. No vale nada, representa el valor de otras mercancías.

PensionesPero esta circulación monetaria se rompe cuando alguno de los que intervienen en ella, detrae parte del dinero, ahora en su carácter de mercancía, y lo patrimonializa o atesora, retirándolo de la circulación; lo que equivale a quitar combustible al motor de la economía, provocando su ralentización y hasta su parada. No es que no haya dinero, como tan a menudo se dice, es que el dinero no está disponible porque ha sido desviado y eliminado del proceso de creación colectiva de riqueza, en el que es una herramienta necesaria, y convertido en mercancía privada, y utilizado para la creación de riqueza privada.

Siempre existe una parte del dinero que permanece fuera, aunque sea de manera provisional, del ciclo: el ahorro. El problema surge cuando el volumen de dinero retirado del ciclo alcanza una cuantía desproporcionada. Para conseguirlo, uno de los mecanismos más usuales es el de la deuda.

Siempre la deuda

Hace unos años, en plena burbuja inmobiliaria, provocada en gran parte por el abuso intencionado del mecanismo deuda para retirar dinero del ciclo y privatizarlo, era un lugar común la idea de que el alquiler de una vivienda era una especie de despilfarro, tirar el dinero sin obtener nada a cambio. Esta manera de valorar el gasto en vivienda, aplicado al gasto que realizamos en la satisfacción de otras necesidades, nos llevaría a concluir que lo que pagamos, por ejemplo, por la comida que nos alimenta es otro despilfarro. Gastamos dinero continuamente en ella, y al final, aplicando esa misma lógica, tampoco “tenemos” nada.PensionesEl coste de la satisfacción de necesidades hemos de valorarlo por la utilidad que nos procura, y no vincularlo a la propiedad de algún bien, si no queremos tener una perspectiva equivocada de las cosas. La propiedad de una vivienda no aporta nada a la utilidad que el uso de la vivienda nos procura. No nos es más útil por ser nuestra que por no serlo. El beneficio de poder disponer de ella y venderla es relativo puesto que, una vez vendida, tendremos su equivalencia en dinero, pero dejaremos de tener vivienda, por lo que el dinero habremos de consumirlo en la adquisición de una nueva vivienda o en el pago del alquiler de otra. Es a partir de la propiedad de un segundo inmueble cuando esta propiedad nos puede procurar beneficios o rentabilidades, pero ese segundo inmueble, no es vivienda en sentido estricto, puesto que no es un elemento necesario para nuestra vida, sino una mercancía con la que comerciar.

La promoción de la propiedad de la vivienda no tuvo, ni tiene, otro objeto que la generación de deuda, mecanismo que retira del ciclo económico importantes cantidades de dinero, que son privatizadas y atesoradas por unos pocos.

Incrementar los salarios para recuperar la economía

Sin embargo, es viable recuperar para la circulación de la economía buena parte de esas masas monetarias, y con ello activar el motor económico, y, lo que ahora nos interesa, que vuelva a “haber dinero” para las pensiones. De entre los mecanismos posibles, uno importante es el de los salarios. Habitualmente se nos trata de convencer de que en la actual coyuntura es necesario el sacrificio ¿temporal? de reducir nuestros salarios para conseguir reactivar la economía, produciendo con menores costes para mantener los beneficios empresariales, y que así, en un futuro indeterminado, podamos volver a salarios dignos.

Pero también es razonable proponer que, dada la coyuntura, es necesario el sacrificio transitorio de ver reducidos los beneficios para poder pagar salarios mayores, porque así el incremento del poder adquisitivo de la mayoría les permitirá aumentar su consumo de productos y servicios, lo que hará posible, en un futuro indeterminado, que los beneficios aumenten y recuperen ese nivel que parece el satisfactorio. En el primer caso, se pide que muchos se sacrifiquen en beneficio inmediato de pocos, e indeterminado de todos. En el segundo, el sacrificio se les pide a unos pocos, en beneficio inmediato de muchos e indeterminado de todos. Siendo pragmáticos, la segunda opción es la razonable.

Pensiones

La necesidad de una Renta Básica Incondicional

En esa lucha por el incremento de los salarios, es difícil que podamos contar con organizaciones sindicales, ya muy débiles, ni con la acción autónoma del propio precariado, desorganizado y fragmentado. Hoy, la lucha por el salario pasa por la lucha por la Renta Básica Incondicional como instrumento que permita intervenir sobre la oferta de fuerza de trabajo, revalorizándola, además de servir como mecanismo adicional de reintegración al ciclo económico de gran parte del dinero retenido por haber sido patrimonializado.

De todo este razonamiento, breve, incompleto y, por tanto, imperfecto, convendría que quedará la idea de que todos nuestros problemas, como el de las pensiones, están conectados, entre ellos y con los de los demás. No existen, por tanto, ni salidas individuales ni análisis parciales que nos puedan procurar la resolución de nuestras dificultades. Son necesarias visiones generales que conecten circunstancias y engloben situaciones diversas; es imprescindible subir a la cima del monte, contemplar y reflexionar, para poder bajar al valle con ideas claras con las que actuar. 

 

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