Anoche fui a un concierto en una conocida sala de música en Barcelona. La entrada era gratis, había barra libre ilimitada y podías dejar el abrigo en el guardarropa, también sin pagar un duro. Creo que ha sido la única vez en mi vida que he hecho uso de ese servicio.

Por si todo esto fuera poco, me pagaron 40 euros por estar dentro de la sala de ocho a diez de la noche. ¿El secreto? En realidad se trataba de un rodaje para un reality show alemán en plan “La Voz”; (programa que no he visto, pero que imagino que será algo similar, por no decir idéntico, a Operación Triunfo) y necesitaban un público entregado que lo dejara todo en la pista de baile.

Y dio comienzo el show…

Salieron a escena cuatro bandas y tocaron dos veces la misma canción. Todos ellos grupos jóvenes, caras guapas, estética muy cuidada, coreografías hiper ensayadas y actitud de haber acabado de ofrecer el concierto de su vida, lanzando púas y baquetas al público y pidiéndole que haga un poco de ruido. Y nosotros abajo, haciendo ver que cantábamos a viva voz las letras de sus canciones (bueno, de su canción, por que tocaban una por grupo), saltando como condenados y suplicando una canción más.

Un espectáculo lamentable. Miraba a mi alrededor y lo veía todo falso, muy falso, el público, los grupos, yo mismo… Todos estábamos ahí por un par de billetes de veinte y un poco de alcohol que ayudaba a que fuéramos un poco grupies.

El hecho de que la historia fuera tan frikie hizo que me lo pasara bastante bien pero no podía evitar sentir rabia al ver en lo que se ha convertido el negocio de la música. Hay a quien no le suenan bien esas dos palabras juntas, negocio y música, pero sí, la música es un negocio y una muestra de ello es que hay músicos que están más pendientes de firmar contratos que de componer canciones.

“Es un buen momento para la melancolía”

Mientras saltaba al ritmo de la música con el puño alzado, recordaba la cantidad de salas, ciudades y festivales, los miles de kilómetros de furgoneta que llevo a mis espaldas, los camerinos pintarrajeados y las infinitas esperas en aeropuertos, las largas ausencias de la gente que quieres…

Recordaba también cómo nos bajaron a todos los bolos después de las primeras ediciones de Operación Triunfo y pensaba que quizás esos muchachos vayan a vender miles de discos sin conocer realmente dónde se están metiendo, pensando que estaban empezando a correr antes de aprender a caminar.

En lo musical, y creo que en todo, suele gustarme lo auténtico, lo que se crea de forma natural y no necesita de ningún circo para tirar adelante y cuando algo esta maquillado suele no gustarme.

Es triste, muy triste… y lo más triste es que si me entero de otro rodaje de este estilo, seguramente volveré a apuntarme.

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