Consumidos por adquirir, atrapados en el espiral del verbo comprar para acabar en un sumidero que acabe con el planeta convirtiéndolo en basura.

Ángel Ramos expone Consumidos en la Sala de Exposiciones del Juan Prado.

En su obra pictórica plástica, abstracta e expresionista, nos muestra un mundo consumista con un material de base en todos sus cuadros, la lata de Coca-Cola. Este producto, símbolo inequívoco del capitalismo, es el que conforma toda la obra expuesta. Cientos de latas de Coca-Cola aplastadas para representar de varias formas su visión del mundo actual. Un mundo que nos lleva poco a poco a nuestra propia destrucción, donde se nos ha instruido que debemos consumir, tirar y volver a consumir. A parte de este símbolo que es un referente y un estilo de vida en sí mismo, se une otro más al que va ligado como complemento directo, la imagen del dólar. Sin duda son axiomas uno del otro, y complementar y unir en un mismo cuadro los dos es todo un acierto.

Cuadros donde se representa al actual humano alienado por las grandes entidades como Coca-Cola simbolizado en latas juntas y en fila, seguidas una de otras, sin romper el esquema a seguir, para encuadrarnos en un mismo perfil, en un mismo comportamiento a seguir. Para decirnos que inconscientemente estamos redirigidos hacia una misma acción que todos realizamos, como parte de un engranaje muy bien lubricado y motorizado para que el sistema no se quiebre, ese sistema que nos obliga a nutrirlo con nuestras propias acciones, porque de no alimentarlo pereceríamos con él. Y ahora me paro y me pregunto, ¿realmente estamos obligados a seguir alimentándolo o existe otra alternativa?

consumidos

 La otra reflexión que hace Ángel en su obra “Consumidos” es la consecuencia y el impacto que puede provocar en el medio ambiente ser consumistas exacerbados. Estudios nos explican que si siguen las actuales pautas de consumo y producción y con el aumento de la población a 9.600 millones, serán necesarios tres planetas para mantener nuestros modos de vida. Esta información debería de tener la suficiente fuerza para pararnos a reflexionar si nuestra conducta es la adecuada tanto para sobrevivir como para entregar una herencia mancillada y devastada a las siguientes generaciones. Estamos obligados a tener un consumo responsable, porque realmente no necesitamos consumir tanto, nos estimulan que es así, pero es un contexto irreal. Debemos de cambiar la idea de que el sistema económico se base en el consumo, porque terminaremos absorbidos por el ojo del huracán representado en otros de los cuadros de este artista.

El chapapote negro, pastoso, indisoluble, mortífero, es un cuadro grande, lleno también de latas, todas ennegrecidas, se podría decir que abrasadas, como estampa de un mundo Mad Max, devastado, de naturaleza muerta y angustiada, oscuro como nuestro futuro ante la perspectiva ya palpable de un cambio climático que nos exige cambiar las costumbres. Debemos entender y creer que todos tenemos una cuota de “poder hacer”, que nuestras acciones individuales son importantes. El pequeño gesto de reciclar, el pequeño paso de consumir con responsabilidad, el gran trabajo de formar y educar a nuestros hijos e hijas que nuestra tierra es única, exquisita pero no indestructible. Sin duda debemos aprender de aquellos antepasados que sabían cuidarla, respetarla y honrarla.

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  Ángel Ramos abre un debate importante y vital con su obra. Nos hace detenernos en este ritmo alocado de vida que llevamos, para mirar a través del cristal de la sala de exposición y leer SOS, una llamada de auxilio a multitud de problemas que exigen nuestra concentración y ayuda. No podemos continuar sin mirar, como máquinas programadas para multiplicar y generar pero sin crear, solo destruir. Tenemos por delante un gran desafío, la de no volver a arrojar más sinrazón a aquello que debemos proteger. Gracias Ángel.

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