Analicemos la factura de la luz ¿Sabemos realmente lo que nos cuesta la luz?

Para tratar este tema debemos aclarar que lo correcto es hablar de la factura del suministro eléctrico. Hoy en día, lo que nos cuesta la luz, entendido como el coste de la iluminación mediante electricidad, no es la parte más elevada del recibo de la compañía eléctrica. No obstante, cada domicilio, cada empresa y cada comercio, tiene un perfil de consumo muy diferente. Analicemos la factura de la luz, pero replanteemos la cuestión: ¿cuánto nos cuesta la electriciadad?

Y de nuevo veremos cómo el coste de la energía en sí, tampoco es la mayor parte del coste de la factura eléctrica. Desgranemos paso a paso este dichoso contrato, que parece sacado de la pelicula de los Hermanos Marx

La factura de la luz
La factura de la luz que nos llega

¿Quién nos vende la electricidad?

A día de hoy, los usuarios pueden elegir la compañía «suministradora» del servicio. Esta compañía, al igual que lo que ocurre con el teléfono, no es necesariamente la misma que genera la electricidad.
De ser compañías diferentes, estaremos ante un intermediario. Esto es bastante habitual y no tiene por qué ser en sí un elemento que incremente el coste, dado que las propias compañías generadoras tienen a su vez filiales distribuidoras. Es más, podremos elegir a la compañía que más nos interese dado que ésta comprará la energía o bien la intercambiará con otras compañias, antes de servírnosla.
¿Complicado? pues no hemos hecho más que empezar.

¿Qué partes tiene una factura eléctrica?

El coste total de la factura de la luz se puede dividir básicamente en tres apartados:
– Coste de la potencia o suministro
– Coste de la energía
– Impuestos
Aparentemente esta estructura es sencilla. Pero en la práctica cada uno de estos apartados se relaciona con los demás, de modo que puede resultar complicado saber realmente dónde se va nuestro dinero. No obstante, vamos a ir apartado por apartado.

Potencia contratada

En toda instalación, debemos pagar por el máximo de potencia que podemos tomar de la red. Solamente para instalaciones medianamente grandes (potencia superior a 10 kW), en lugar de limitador de potencia (Interruptor de Control de Potencia o ICP) existe un dispositivo llamado «maxímetro», pero eso lo dejaremos para otra ocasión. Por tanto, pagaremos por cada kW de potencia contratado, cada mes, lo utilicemos o no. De ahí la importancia de contratar solo la que se necesite.

Arrojando luz

Energía consumida

Esta parte es en realidad la que nosotros podemos controlar, limitando el consumo cada día. Sin embargo, por alguna razón (sospecho que comercial) supone en torno al 50% de la factura. Lo cual no ayuda a ahorrar en beneficio del planeta… y de nosotros mismos.

La energía se mide en kWh. Es decir, si conectamos un horno de 2kW y funciona durante media hora, consumimos 1kWh de energía (suponiendo que no pare en ningún momento). Sencillo, ¿verdad?. Para que nos hagamos una idea, 1kWh de energía cuesta unos 20c de euro, después de impuestos. Parece poco y en realidad lo es. El truco está en la multitud de aparatos que consumen energía en el hogar sin que nos demos cuenta. Nos referimos a los aparatos en «standby» y otros cuyo consumo es poco eficiente (como la calefacción eléctrica), que funcionan muchas horas al día.

Impuestos

La electricidad tiene una serie de impuestos directos sencillos de entender y otros no tanto. Los principales son el impuesto sobre la electricidad (en torno al 5%) y, aplicado sobre todo lo anterior, el IVA (21%). Además, tanto la potencia como la energía tienen una serie de impuestos camuflados con el eufemismo de «costes regulados». Algunos de ellos difíciles de entender (peajes) y otros difíciles de justificar (transporte, renovables y déficit). El déficit de tarifa merecería un artículo, quizá un libro entero. Es algo así como la diferencia entre lo que ganaron las eléctricas en el pasado y lo que les gustaría haber ganado.

El sol no es de todos

Hagamos por último en este artículo una reflexión. Se suele achacar a las renovables el «elevado» coste de la electricidad. En esto trataremos de profundizar otro día e intentaremos arrojar algo de luz. Adelantemos un hecho: si el viento y el sol soplan y brillan de forma parecida cada año y la instalación de energía renovable sufrió un parón en 2012, ¿no resulta un poco extraña esta afirmación? Y todo esto sin mencionar el hecho de que, actualmente, utilizar energía renovable para autoconsumo (en instalaciones de más de 10 kW conectadas a la red) está gravado con un impuesto, aún cuando dicha energía no se vende, sino que es usada por el consumidor.

Parece más bien como si a algún iluminado se le hubiese encendido la bombillita sobre cómo estrujar la cartera del sufrido consumidor.

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